Este ensayo inició como un intento para poner mis ideas en orden, algo que hago cuando hay ideas a medio formar que me revolotean en la cabeza y necesitan aterrizar, pensaba compartirlo solo con mi terapeuta, y sin pensarlo mucho compartí un draft con Paulina mi hija que nos acompañaba temporalmente, luego con los otros dos hijos, y por que no, con mis papás y un par de amigos en situación similar. En el camino descubrí varias reacciones y creo que a más de uno le sirvió para reflexionar en temas paralelos a una enfermedad o una muerte. Hay cálculos similares que se deben de hacer para un aniversario, para una boda, o para una celebración. Espero te sirva a ti también, con ese ánimo lo comparto.
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Ayer me acosté después de ver las últimas noticias sobre la pandemia en CNN, y me quede con la inquietud de que había dejado algo sin resolver, y cuando desperté ya sabia que era; Las convenciones sociales sobre que hacer si un familiar se enferma y vivo lejos YA NO FUNCIONAN, necesito nuevas reglas. Particularmente, ¿qué haré yo si se enferman mis padres?, ¿qué harán mis hijos si me enfermo yo?.
En ausencia de un consenso, a continuación describo las reglas que creo que funcionan para mí y con las que trataré de vivir, y que espero tomen en cuenta si yo me llego a enfermar. Especialmente porque me gustaría que cada quien tome sus decisiones basados en lo que sabe, siente y piensa, nunca guiados por un sentido de culpa o “que dirán”.
Considerando que vivo en Portugal y la mayor parte de mi familia está en los Estados Unidos y México, hay una probabilidad material de que enferme de COVID-19 y, considerando que tengo casi 60 años, muera … Así que aquí van mis ideas:
Si me enfermo, y especialmente si tengo que ser hospitalizado, NO QUIERO QUE NADIE VIAJE PARA ACOMPAÑARME. El riesgo de viajar, las restricciones sanitarias y la imposibilidad de acompañar a un internado han trastocado el análisis costo-beneficio de esta decisión. No tiene el menor sentido viajar para encontrar que la única forma de saludar al paciente es vía facetime, que igual se podría hacer sin viajar.
Cuando pienso en mis padres pienso en lo mismo, por fortuna cuento con hermanos que pudieran acompañarlos si se enfermaran, pero creo que no haría un viaje transatlántico, para después entrar en cuarentena, para después no poder acompañarlos. No tiene sentido tomar tanto riesgo por tan poco beneficio. Posiblemente tendré que hacer terapia para lavar esa culpa, pero parece ser la decisión correcta.
Estoy consciente que los riesgos son asimétricos; el riesgo de enfermar y morir son diferentes para mí, mis padres o mis hijos. Igualmente los años de vida potencialmente perdidos para cada uno de nosotros es diferente. El cálculo de riesgo si la expectativa de vida son 10 años más, debe de ser necesariamente muy diferente para alguien que tiene 80 años por vivir. Esta asimetría solo refuerza que la decisión es eminentemente personal, no puede ser determinada por una convención social.
Si les preocupa que pensaré de ustedes si no me acompañan en mi enfermedad, mejor preocúpense de que pensaré si SI me acompañan. Para ilustrar este tema, les contaré un evento que me sucedió no menos de cinco veces en mi vida profesional: Algún joven gerente o director tocaba a mi puerta, y después de cerrarla y de los saludos de rigor, procedía a informarme que había recibido una oferta de trabajo por $x salario, en la compañía Y, ocupando Z posición. Asumiendo que no existía información que yo le pudiera dar que debiera alterar su decisión (una promoción en puerta, etc.), mi respuesta invariablemente era: “pues te recomiendo tomar la oferta, porque serías un estúpido si no lo haces, y te tendría que despedir porque no es bueno tener estúpidos en el equipo, no crees?”, esto dicho siempre con una esplendorosa sonrisa. Ignoro cuanta gente buena perdí así, después de una carcajada el tema nunca surgía de nuevo, pero sé que los intentos de chantaje salarial que recibí fueron mínimos.
Y si muero lejos de ti?, México lindo y querido, pues que digan que estoy dormido, y que me traigan aquí. Adoro la canción y el sentimiento, aunque logísticamente un “weekend at Bernie’s” transatlántico parece poco realizable. En caso de mi defunción, igualmente deseo que nadie venga a ver mis restos mortales, hace aún menos sentido que un vivo tome un riesgo para despedirse de un muerto. No soy muy dado a citar escrituras, pero las palabras de Jesús se me hacen muy apropiadas: “deja que los muertos entierren a sus muertos” Hay tanta muerte en esta pandemia, que me parece inmoral arriesgar una sola vida por un acto simbólico. Sí, hay que cerrar ciclos, pero sin arriesgar el pellejo de preferencia cuando perfectamente me pueden organizar una agradable carne asada con mariachis para despedirme con calma, ya que pase esta peste.
La prueba de fuego es aquí, de nuevo, que haré si fallecen mis padres?, lo menos que puedo hacer es preguntarles en mi cabeza, y la escena corre así: don Toño me diría con su bigote un poco torcido arriba de una sonrisa también torcida, “y que te dice tu conciencia?” bien sabiendo en su alma de jesuita la respuesta que le daré, mientras tanto Cuquita ni levantaría su vista del sudoku y diría, “¿y para que se apuran si ya nos fuimos?”. Irremediablemente acudo a mi maestro en estos casos difíciles, y sé que el señor Spock, solo arquearía una ceja y me diría “The good of the many outweighs the good of the few”, o mal traducido; “el bienestar de los vivos es más importante que el de los muertos”.
Al final, estas decisiones son personales y dados los riesgos que se corren, muy significativas. No pretendo dictar como mis hijos, mi esposa, mis familiares o mis amigos actúen, solo pretendo que, compartiendo mi decisión – un poco no convencional-, logre aumentar los grados de libertad de otras personas al exponerlos a mis razones, para que así, tomen la mejor decisión posible a la luz de sus valores y de la información disponible. Opino que la decisión tomada no puede ser ni buena ni mala, sino autentica o no, y en decisiones tan grandes, es vital es ser auténtico.
Dicho lo anterior, solo me resta decir que esto también pasará, o crearemos nuevas normas, o volveremos a las anteriores. Por en cuanto, debemos confiar más en nuestro criterio que en tradiciones y convenciones sociales.
L’Chaim ¡,
Jorge Guerra Martínez
Cascais, Portugal
Julio 1, 2020
EPILOGO
Inmediatamente después de mandarle este escrito a mi papa, tomó el teléfono y me llamo para decirme que le había gustado mucho, y que a mama también (excepto que se puso triste porque finalmente acepto que posiblemente no iremos en navidad). Luego me mando un escrito titulado “Que es la vida” que responde a mi ensayo y que guardaré toda la vida. Es extraño que en esta época de videollamadas lo que más me une a mi papá del otro lado del Atlántico es una relación epistolar. Se los comparto con plena atribución;
QUE ES LA VIDA
Jorge, en referencia los conceptos expresados en tu escrito “AMAR EN TIEMPOS DE COLERA”, debo decirte que estoy de acuerdo contigo y me permito compartir algunos ideas adicionales que yo he captado a través del tiempo.
Quien soy yo.
Yo soy una persona que con uso de la razón ha adquirido libremente la forma de ser, de pensar y de sentir, por la relación afectiva de la Familia y las Amistades, por la relación con la Cultura, Educación, Ideas y Conocimientos, por la relación con la Sociedad, por la relación con el Trabajo y la Política, por la relación con la Naturaleza y los factores económicos. Subrayo libremente porque, conscientemente o no, escogí lo que esas relaciones me ofrecieron, aquello que me dio la mayor satisfacción, desechando lo que no me gustó. Al fin, soy lo que soy porque así decidí ser. Mi forma de ser, de pensar y de sentir son solo míos.
Para que vivo.
Vivo para ser Feliz. El propósito de la vida es ser felices y solo lo lograremos cuando elijamos el bien, la justicia, la verdad. Esto nos llevará a buscar no solo el bien propio sino el bien de los demás, como resultante de nuestras decisiones. El mayor enemigo en la búsqueda de la felicidad es el egoísmo. El Discernimiento o toma de conciencia nos ayuda en la elección de lo que nos da felicidad y solo lo logramos si lo hacemos con plena libertad; esto es, sin ataduras ni consideraciones sociales o de otro tipo. El discernimiento es una herramienta ignaciana que sigue el proceso de “Ver-Juzgar-Actuar”; es determinar lo que queremos, para qué lo queremos, que resultados esperamos, que bien obtendremos y actuar de acuerdo a lo anterior. En este proceso debemos considerar un antiguo principio de razonamiento: “Principio de Doble Efecto”. En toda acción hay la posibilidad de producir un efecto bueno y un efecto involuntario malo, para lo cual debe tomarse en cuenta que el bien buscado sea mayor que el mal obtenido a consecuencia del acto.
Si a todo esto le agregamos una buena dosis de actitud positiva, estaremos en el camino de la felicidad, considerando que la felicidad no es una meta, sino un camino.
Concluyendo sobre qué decisión tomar: Tu conciencia en plena libertad te lo dirá; buscando el bien mayor.
Saludos, gozando de una vida feliz.
Antonio Guerra Gómez
Monterrey, México
Julio 2, 2020


